Comentario diario

¿Qué está permitido en sábado?

«En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo. Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les pregunta: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida. En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él».

De nuevo el Evangelio de hoy incide en la gran diferencia que hay entre vivir de la letra de la Ley, o vivir desde el Espíritu de la Ley. San Pablo dirá: «La letra mata, más el Espíritu vivifica» (2 Cor 3,6). Significa que seguir ciegamente las reglas y mandamientos escritos («la letra») sin el poder transformador del Espíritu Santo te condena, porque la ley expone el pecado; mientras que la vida en el Espíritu te da vida y te capacita para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, no por obligación, sino por amor y transformación interna. No es un rechazo de la Palabra de Dios, sino un contraste entre el formalismo legalista y la vida abundante que el Espíritu imparte, pasando de tablas de piedra a un corazón renovado.

La Letra (Ley de Moisés), se refiere a la Ley dada por Dios, que es santa, pero al vivirse solo externamente, por obligación, revela nuestra incapacidad para cumplirla perfectamente, resultando en condenación y muerte espiritual. El Espíritu (Nueva Alianza), es la presencia del Espíritu Santo que habita en los creyentes, dándoles poder para vivir, amar y obedecer a Dios desde dentro, produciendo el «fruto del Espíritu» (amor, gozo, paz, etc.). Por eso pregunta Jesús abiertamente: «¿Qué se puede hacer en sábado?». La Palabra es un espejo que nos muestra lo capacitados que estamos, por la acción del Espíritu para ser como Cristo. Y poder ser buena noticia para aquellos que se encuentran con nosotros y que después de encontrarse con nosotros, están mejor.

Jesús no rechaza las normas, ni la Ley de Dios. Jesús no viene a abolir la Ley, sino llevarla a la plenitud. Jesús sitúa como el centro y el más prioritario de los mandamientos el del amor, el del cuidado, el del cariño, a cada persona que nos necesite. Entendamos que el conocimiento solo, la teoría, los catecismos, saberse de memoria los dogmas, sin el Espíritu nos envanece; la Palabra debe ser entendida y aplicada por el Espíritu para vivificar y dar vida. Qué es lo que hizo Jesús con el hombre de la mano paralizada. De lo externo a lo interno: Pasa de un cumplimiento forzado de reglas a una relación viva y dinámica con Dios, donde el amor y la gracia son el motor, no el miedo o la obligación. El Espíritu nos libera de la esclavitud de la ley para servir a Dios en libertad, no en condenación.

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